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La ilusión de parir en Fin de Año | El Periódico

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El nacimiento de las gemelas que espera Diana Celeste Mas, de 33 años, será inducido por su ginecóloga, Montse Cubo, a primera hora del 1 de enero del 2018 en la sala de partos del Hospital del Vall d'Hebron, salvo si, de forma espontánea, algo poco probable a la vista de la elevada posición del vientre, la mujer inicia las contracciones del parto horas antes de que acabe el año. Los médicos que controlan esta doble gestación, con 37 semanas cumplidas, son partidarios de no esperar más y han fijado la cita prescindiendo de las 12 uvas, las 12 campanadas y el brindis con cava. «No se pueden hacer predicciones ni excepciones festivas en las salas de parto», puntualiza Cubo, que está de guardia este fin de año. Si el parto se produce cuando aún es 2017, las niñas Dalia Milera y Luana Marie Geanta -el matrimonio procede de Venezuela y Rumanía- serán inscritas en el registro del año que acaba y, al ser escolarizadas junto a otros niños nacidos en el 17, serán las más pequeñas de la clase.

A Diana Celeste, contenta, expectante e inquieta ante la proximidad de la hora en que nacerán sus hijas, el detalle escolar no le preocupa en absoluto, aunque, según asegura el doctor Alberto Rodríguez Melcón, responsable del Servicio de Obstetricia clínica de Dexeus Mujer, ese es uno de los asuntos que más interesan a las parejas que planifican su descendencia en dicho centro médico. «Todos quieren que su hijo sea el mayor de la clase, que nazca a principios de año, porque, en determinadas edades, es un factor ventajoso para el niño», explica Rodríguez Melcón.

Diana Celeste no ha escogido ser una de las primeras mamás del año en Catalunya -esa elección no es posible-, pero, de poder decidir, hubiera preferido parir el 10 de enero. «Es el día que llega mi madre desde Venezuela», explica. Cuando la doctora le propuso el 1 de enero, vio el lado positivo. «El cumpleaños de mis hijas siempre será festivo, podrán continuar la fiesta del Fin de Año con su aniversario, siempre estaremos juntos porque es una fiesta importante y será un día fácil de recordar», explica.
 

«Estoy muerta de miedo», prosigue la mujer. «Este embarazo ha sido espontáneo en todo: nosotros -mira a su marido, Mihai Geantano- queríamos tener hijos, y yo tomaba la píldora, pero, ¡sorpresa!, quedé embarazada. En la primera ecografía nos preguntaron si sabíamos cuántos niños venían». Han cambiado de casa para caber todos. Sigue preguntándose si tendrá leche para amamantar a dos, cómo se manejará con dos demandas... «Como son dos, y no tres, no tendremos derecho a una guardería pública», lamenta.
 

Junto a la doctora Montse Cubo, la noche del 31 está de guardia en el Vall d'Hebron la matrona Alba Crespo, una de las cinco comadronas de guardia en el servicio, que, si todo va bien, se ocupan del parto de principio a fin. Cuando surge una complicación, llaman a la obstetra. Vall d'Hebron, centro de referencia para embarazos de alto riesgo, atiende cada año una media de 3.000 partos, una decena cada 24 horas.

«Esta última noche del año puede haber cuatro nacimientos espontáneos, o ninguno -dice Cubo-. Se sumarán a los dos partos inducidos que están programados». Eso significa que dos embarazadas que por indicación médica deben concluir ya su gestación han sido citadas el 31. A lo largo de esas 24 horas, si la inducción con fármacos es exitosa y el cuello de la matriz se abre y desdibuja, habrán sido madres. «Lo que de forma fisiológica duraría hasta dos semanas, lo reducimos a un día», sintetiza la doctora. El parto se induce ante embarazos «de riesgo», o «muy alto riego» porque la madre tiene más de 40 o 45 años, cuando la gestación es múltiple o si la mujer sufre alguna enfermedad que aconseja hacerlo así. La fecha fijada para la inducción médica no se modifica porque coincida con el fin de año.

Las solicitudes de inducción por motivo social de un parto nunca proponen una noche de 31 de diciembre, asegura Rodríguez Melcón. «En Dexeus (que en el 2017 ha atendido 2.900 nacimientos], las peticiones de inducción por causa social no pasan del 1% del total», indica. Parejas procedentes de Rusia que, dice, «vienen en busca de una sanidad mejor que la de su país», o españolas que trabajan en otras capitales europeas pero quieren que su hijo nazca aquí, son dos perfiles de pacientes que van en aumento, indica el médico. «Pero nunca para parir en Fin de Año».

Si las contracciones se suceden cada cinco minutos y el nacimiento se acerca, la embarazada se olvida de las uvas y corre al hospital. «Cuando una mujer conoce su cuerpo y ha hecho trabajo en casa -lo que, según describe Alba Crespo significa que se ha informado y ejercitado-, el parto puede durar 16 o 18 horas. Todo depende de lo activa que sea ella».
 

La ginecóloga Ariadna Salvador, de guardia en la noche del 31 de diciembre en el Hospital del Mar, sostiene que la máxima ilusión de las mamás inminentes no será tener «el primer catalán del año», sino «ver nacer a su hijo». Certifica lo «previsible» que es el ser humano. «Los partos aumentan nueve meses después de las vacaciones de verano y nueve meses después de Navidad -especifica-. Es decir, en septiembre y abril. El descanso ayuda».

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