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Parir en Cataluña. El derecho a decidir de las mujeres | Diari ARA

ara.cat

 

 

"Quiero un parto natural cuanto menos intervenido mejor". "No quiero que me hagáis una episiotomía". "Preferiría respetar el tiempo del parto y que no me pogáis oxitocina para acelerarlo". Son frases que cada vez oyen más los profesionales en el paritorio Las mujeres llegan al parto cada vez más informadas y, por lo tanto, más capacitadas para tomar decisiones. Y ya saben como quieren parir y, sobre todo, como no quieren parir. Las mujeres quieren decidir sobre su cuerpo y la conciencia de un parto respetado toma cada día más fuerza. "Las mujeres están empoderades y tenemos que ser capaces de escucharlas a ellas y a sus familias y potenciar un cambio para que sean las protagonistas.Lol que no tenemos que hacer es medicalitzar un proceso que fluye, tenemos que entender que un parto tiene unos tiempos", razona Montse Pujol, supervisora de comadronas del Hospital de Sant Pau de Barcelona. 

Este cambio de mentalidad ya ha empezado a cuajar y cada vez más hospitales catalanes se actualizan para atender las necesidades de las mujeres que piden un parto menos medicalitzado y más respetado. Y hospitales como el de la Vall Hebrón, San Pau, Hermanos Trias, Joan XXIII de Tarragona y el Hospital General del Hospitalet ya tienen a punto proyectos para habilitar casas de nacimiento para parir de manera natural siguiendo el camino abierto por el Hospital de Martorell hace un año. "Irán surgiendo otras casas de partos detrás la nuestra porque es una demanda creciente de la población: cada vez más mujeres quieren participar activamente en el parto", señala Montserrat Alcalde, coordinadora de comadronas del Hospital de Martorell. Pero hace falta financiación. Las casas de partos se dirigen a las embarazadas de bajo riesgo que "quieren parir como casa pero con la seguridad de un centro hospitalario", explica Beatriz Canalis, comadrona y coordinadora del área materno-infantil del Hospital General del Hospitalet. 

El parto en casa continúa siendo minoritario: 382 mujeres parieron el 2016 en el domicilio, una cifra que en Cataluña, donde se llevan a cabo un tercio de los partos en casa de toda España, se mantiene fuerza estable. El precio -entre 2.000 y 2.500 euros- y los mitos alrededor del parto en casa hacen que no sea una opción tan habitual como en otros países. "Nos han vendido que se tiene que parir en el hospital y que el parto en casa no es seguro o que somos cuatro irresponsables", explica Lucía Alcaraz, comadrona y vicepresidenta de la Asociación de Comadronas del Parto a Casa. Está esperanzada con la apertura de más casas de partos y constata que tanto los profesionales como las sociedades científicas, los hospitales y el departamento de Salud empujan hacia un cambio de modelo asistencial en la atención al parto. "Se están poniendo las pilas para hacer partes más respetados", dice. Y el cambio lo encabezan las comadronas porque son ellas las que atienden los partos de bajo riesgo, que son la mayoría. "Ellas tienen que hacer la transformación y nosotros apoyar", dice Elisa Llurba, directora del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital de Sant Pau.

Según Alcaraz, la visión del ginecólogo es "desde la patología y el riesgo". "Y es cierto que algunas mujeres tienen, pero la gran mayoría no, y el parto se tiene que atender desde la salud y no desde la enfermedad", añade. Pero Inma Marcos, comadrona de Nacer en Casa, considera que las casas de partos se están haciendo porque las mujeres "no den a luz en casa". "No es muy bien lo mismo. En los hospitales hay unos protocolos que no se pueden saltar". 


El Departamento de Salud, que esta semana ha presentado su plan por desmedicalitzar el embarazo, ha elaborado una lista de recomendaciones para los hospitales que quieran habilitar casas de nacimientos a sus instalaciones. "Se tiene que respetar el derecho de la mujer a no querer intervenciones de manera rutinaria y que pueda estar acompañada de una comadrona en un espacio cuanto más confortable mejor, como casa", explica Ramon Escuriet, comadrón y referente de la atención maternoinfantil del CatSalut, que confirma que la idea es "extender" este modelo que ya recoge el Plan de Salud . "El que hacemos es reproducir un modelo que funciona en otros países" y que tiene tres pilares: "Trato respetuoso, capacidad de decisión de las mujeres y evitar intervenciones innecesarias". 


Escuchar más la mujer 

El embarazo, si todo va bien, es un proceso fisiológico que no requiere grandes intervenciones. "Tenemos que ser capaces de tener la tecnología necesaria cuando hay riesgo y patología, pero también tenemos que respetar la fisiología cuando hay normalidad", destaca Montse Pujol. Muchas mujeres llegan a la conclusión que quieren un parto respetado después de pasar por una experiencia traumática o un episodio de violencia obstètrica. 

Un parto respetado no tiene que ver "con el lugar donde se pareix, sino con la manera como se acompaña la mujer y cómo se la ayuda a tomar decisiones", razona Lucía Alcaraz. Las mujeres quieren controlar el proceso y rechazan una atención paternalista. El acompañamiento es clave. Alguien que te diga "tú puedes" cuando las fuerzas desfallecen. Una bañera, una pelota o un entorno agradable pueden ayudar, pero no harán por si sólo que el parto sea respetado. "Los partos respetados lo tienen que ser todos, al quirófano y fuera del quirófano, sino no tiene sentido, y las mujeres con un embarazo de alto riesgo también tienen derecho a un parto respetado", decía Marta Busquets, presidenta de Mujer Luz durante la jornada Entre Madres celebrada en el Hospital de Sant Pau.


"Las mujeres reclaman que las escuches y que los expliques lo porque de las cosas que los harás", explica Anna Suy, jefe de sección del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital de la Mujer del Valle de Hebrón, que admite que hasta ahora los partos se habían tratado "cómo si fueran una intervención quirúrgica". Reconoce que el Valle Hebrón había sido tradicionalmente un hospital "mucho instrumentista", pero defiende que los últimos años se ha hecho un esfuerzo para cambiarlo. Y pone ejemplos: "Las episiotomías sistemáticas hace años que no se hacen, las mujeres tienen un plan de parte y se respeta si quieren parir sin anestesia, en la posición que quieran o si no quieren que se los rompa la bolsa. Se ha hecho una renovación importante".

El piel con piel, el inicio precoz de la lactancia, el pinzamiento tardío del cordón umbilical o hacer la revisión pediátrica del bebé sobre el pecho de la madre son algunos de los cambios que han introducido los hospitales catalanes. Y no son gratuitos. "Hay evidencia científica demostrada que el contacto piel con piel ayuda el bebé en la adaptación extrauterina, disminuye el estrés, favorece la lactancia materna y facilita la vinculación afectiva", explica Montse Pujol. "No somos nadie para interferir en el vínculo", añade Elisa Llurba. Ella y Pujol llegaron al servicio de obstetricia de Sant Pau hace uno y dos años, respectivamente, y una de sus prioridades es, precisamente, potenciar el parto no medicalitzado. También quieren abrirse a las mujeres que quieren parir en casa y ser su centro de referencia cuando los partos a domicilio requieran un traslado al hospital. "Estamos organizando el servicio según el que quieren las mujeres y no a la inversa, estamos escuchándolas", dice Llurba. 

Los hospitales privados son los que tienen más mala fama en cuanto a la medicalización excesiva de los partos. Sofia Fournier es ginecóloga del Hospital Universitario Dexeus y asegura que los médicos han entendido que se pasaron "de frenada" medicalitzando partos que no hacía falta, pero también pide un ejercicio de responsabilidad: "Muchas mujeres que reclaman un parto mucho más natural no pueden pretender compararse con sus abuelas, porque ellas no pan a luz con 20 años sino con 35 o 40 y con patologías de base o embarazos fruto de la reproducción asistida". Fournier defiende hacer partes más respetados pero en un "entorno hospitalario" para que sea "accesible tanto para mujeres de bajo riesgo obstétrico cómo de alto riesgo". "Pero la madre tiene que ser consciente del que pide y de donde parte". Fournier rechaza el término violencia obstètrica porque considera que provoca en las mujeres "un miedo innecesario" y genera desconfianza en los médicos. "Lo que tenemos que hacer es encontrar el equilibrio". 


Anestesia epidural 

Sobre el papel muchas mujeres manifiestan que quieren un parto natural, pero muchs veces los planes se rompen en el paritorio. En Sant Pau, por ejemplo, un 40% de las embarazadas dicen que quieren parir sin anestesia pero sólo un 12% lo acaban haciendo. "Las tenemos que ayudar más, que no sea porque no tienen todos los elementos a su alcance", indica Llurba. Por eso han empezado a utilizar óxido nitroso para disminuir el dolor. Se trata de un gas que se inhala y no interfiere en el proceso fisiológico y que, al contrario que en la epidural, permite libertad de movimientos. También han incorporado la inducción al parto mecánica -con un balón dentro del cèrvix-como alternativa a la inducción medicalitzada. "Queremos ayudar las mujeres a parir como ellas quieren y en condiciones de seguridad y confort", dice Llurba. Y si se tienen que cambiar los planes, es "muy diferente" que "se le informe y sea una decisión compartida, que no que se los hagan cosas sin que se los hayan explicado o pedido", añade. El Hospital del Vall Hebrón también está haciendo un esfuerzo para atraer todo tipo de pacientes y no sólo embarazadas de alto riesgo o con patologías. "Compartimos este cambio de las mujeres que quieren decidir sobre su parto. La diferencia es que ahora se las va a escuchar y antes no", dice Suy. Y los hospitales han tomado nota.

 
Cesáreas polémicas 

Otro de los cambios que han incorporado los centros sanitarios es la humanización de las cesáreas, lo que se denomina cesáreas por vínculo, en que se permite la presencia de la pareja en el quirófano así como el piel con piel. Las cesáreas son, precisamente, uno de los temas más controvertidos. La tasa de cesáreas en Cataluña es del 27,4% -22,7% a los hospitales públicos-, casi el doble del que recomienda la OMS (15%), y la cifra se ensarta hasta el 38% a la sanidad privada. La tasa de cesáreas y de inducciones es un indicador de calidad obstètrica y Sofia Fournier, ginecóloga del Hospital Universitario Dexeus, recomienda tenerlo en cuenta antes de elegir hospital, pero también recuerda que las recomendaciones de la OMS no son aplicables del mismo modo a todas las regiones porque en Occidente y, en concreto en España, las mujeres paren más tarde. "Y la edad ya es un factor de riesgo para acabar en cesárea". En cuanto a las inducciones, la ginecóloga Anna Suy, del Vall d'Hebrón, dice que tiene que estar "justificado" que "el bebé está mejor fuera que dentro".

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