Una de las razones del éxito de la escritora Elisabet Benavent, y en particular de Valeria, la serie española inspirada en sus novelas, es que habla del deseo y del placer sexual —que describe abiertamente—desde el punto de vista femenino. Esa perspectiva, además de sus diálogos ágiles y divertidos, hace que sus lectoras conecten rápidamente con sus personajes y sus problemas en el terreno sexual y afectivo. Sin embargo, para la mayoría de las mujeres, el sexo no es un tema de conversación habitual entre amigas, como ocurre en la serie de Valeria, o si lo es, solo con las más íntimas y con ciertas reservas, a pesar de que a nivel social y en la vida cotidiana se hagan muchas bromas y alusiones, directas e indirectas, de forma continua.

Por ello, y también por razones culturales y educativas, en cuestión de sexualidad a menudo falta información, y saber qué nos produce o no nos produce placer es algo que se va aprendiendo y descubriendo con el paso de los años, las diferentes parejas sexuales y las experiencias.

Así que si te preguntan cuáles son tus zonas más erógenas, probablemente podrás enumerar cuatro o cinco, como los labios, el clítoris, la parte interior de los muslos o la nuca, pero hay muchas más. “De hecho, el principal órgano erógeno es la piel” explica la Dra. Stefanie Redon, responsable de la Unidad de Sexualidad de Dexeus Mujer. Además, todos nuestros sentidos están abiertos a experimentar placer, por ello los estímulos que recibimos a través de ellos —imágenes, olores, sabores, sonidos, tacto— pueden despertar el deseo sexual si los utilizamos con ese objetivo. Pero para que eso ocurra hay que estar dispuesto a disfrutar, conocer cuáles son nuestras preferencias en ese aspecto y compartirlas con nuestra pareja.

Es cierto que hay amantes más habilidosos y experimentados que otros, pero al final, la relación entre dos personas siempre es única y diferente a las demás, así que de lo que se trata es de ser sincero, y de que haya confianza y complicidad para darse margen e ir descubriendo cómo mejorar y aumentar el placer mutuo. También es importante conocerse a uno mismo. Por ello, vale la pena dedicar un poco de tiempo a descubrir cuáles son las zonas erógenas y cómo podemos aumentar el placer sexual, tanto en nuestro propio cuerpo como en el de nuestra pareja.

En general, suelen asociarse a las zonas que presentan una mayor densidad de terminaciones nerviosas y, por ello, mayor sensibilidad. Se clasifican en primarias (genitales) y secundarias (otras localizadas en cualquier otra parte de nuestro cuerpo). Siempre se ha dicho que las mujeres poseen más zonas potencialmente erógenas que los hombres, y que para ellos se reducen básicamente a una… o dos: el pene y los testículos. Pero no es así, o no del todo así. Los labios son una zona especialmente erógena, tanto para los hombres como para las mujeres, y hay otras partes de su cuerpo que podemos estimular para despertar su deseo, como la zona perianal y el cuello.  

El perineo es una zona importante porque se encuentra el nervio pudendo, que también inerva el pene, el escroto y el ano, y transmite las sensaciones de placer que generan el orgasmo. El prepucio es la piel fina que recubre el glande. No se tiene muy en cuenta a la hora de mantener una relación sexual, pero estimularlo suavemente puede producir placer. Un dato curioso: acariciar y besar los pezones masculinos puede resultar especialmente excitante para algunos hombres.

En las mujeres, el clítoris es la principal zona erógena del cuerpo. Desde el punto de vista fisiológico su única función consiste en proporcionar placer sexual. Al igual que el pene masculino, es eréctil y tiene más terminaciones nerviosas que cualquier otra zona del cuerpo femenino. Su estimulación directa produce una gran excitación que puede desencadenar el orgasmo. Le siguen la vulva, los labios de la boca, el cuello, los pechos, la parte interna de los muslos, la nuca y el lóbulo de la oreja. El orden de más a menos o de menos a más depende de cada persona y sus preferencias.

En las mujeres, el vientre y el costado también pueden provocar excitación si se acarician o estimulan suavemente. Contrariamente a lo que se cree, los glúteos o las caderas no son una de las partes del cuerpo más erógenas para una mujer, pero las curvas corporales que generan en la figura femenina sí son un claro estímulo sexual para algunos hombres.

En general, las extremidades, como los brazos o las piernas, y los pies y los tobillos no se consideran zonas erógenas, pero en algunas culturas -como la oriental- el tobillo y el pie femenino son partes del cuerpo especialmente sensuales. Realizar un suave masaje en la planta del pie, ascendiendo por los tobillos y las piernas hasta llegar al interior de los muslos y recorrer esa parte del cuerpo con un dedo puede resultar estimulante.

Otra zona erógena tanto para los hombres como las mujeres es la parte baja de la espalda, en la que se concentran muchas terminaciones nerviosas. Empezar por besar la nuca y descender hasta la parte lumbar puede provocar excitación sexual y aumentar el flujo de sangre hacia la pelvis. De todos modos, se trata de una zona sensible, por lo que hay que evitar cualquier tipo de presión que pueda generar malestar en esa área.

Las sensaciones continuadas de calor y frío en algunas zonas erógenas también pueden generar excitación. Asimismo, acariciar el cuero cabelludo resulta muy placentero y relajante, ya que ayuda a liberar tensiones. Por ello, es recomendable hacerlo tanto al inicio como al final de una relación sexual.

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