El Día de la Madre no es para que nos regalen flores, desayunos en la cama y dibujos hechos a mano con purpurina (aunque todas esas cosas también nos gustan). Va de reconocer todo ese trabajazo -visible e invisible- que implica ser madre: aprender sobre la marcha, improvisar más que en un talent show y sostener un vínculo con los hijos que te cambia la vida (y a veces, el sueño). Porque la maternidad no viene con manual, pero sí con una entrega enorme que merece ser celebrada más allá de cualquier campaña comercial.
También es una ocasión para celebrar la maternidad en toda su diversidad.
Hoy celebramos todas las formas de ser madre, y todas las maneras de sentir ese vínculo tan especial.
¿Existe el amor a primera vista entre madre e hijo?
Durante mucho tiempo se ha hablado del flechazo inmediato entre madre y bebé, como si fuera una experiencia universal. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. El “amor a primera vista”, entendido como un amor pleno e incondicional, no siempre aparece en el primer instante. Y no pasa nada.
Podemos sentir una atracción intensa, una necesidad de proteger, una emoción muy profunda al ver a nuestro hijo por primera vez. Pero amar también es un proceso, una relación que se construye día a día, con cada etapa y cada reto y cada gesto a través del contacto, del cuidado, del conocimiento mutuo y del deseo de crear un vínculo.
Tal y como explica la psicóloga Sandra García Lumbreras, de la Unidad de Psicología de Dexeus Mujer, “el vínculo entre madre e hijo es una experiencia personal. Puede surgir de forma inmediata o desarrollarse poco a poco, y ambas maneras son normales”. Muchas madres sienten culpa si ese amor no llega de golpe, y es importante recordar que no hay una única forma correcta de sentir.
La biología ayuda, pero no lo explica todo
Desde el punto de vista biológico, las hormonas juegan a favor del apego. Tras el nacimiento del bebé, el cuerpo de la madre libera sustancias como la oxitocina, relacionada con el parto, la lactancia y el instinto de protección. Estas hormonas facilitan el vínculo, pero no lo crean por sí solas.
En el desarrollo del amor maternal intervienen también las emociones, las experiencias previas, el contexto social y cultural y la propia vivencia del embarazo y del parto. Por eso, cada historia de maternidad es distinta.
En 2024, un artículo publicado en Communications Psychology (Nature) hizo una revisión de la base neurobiológica del sistema de apego, destacando que los vínculos madre-hijo se forman a través de procesos biológicos profundamente arraigados en la evolución mamífera: embarazo, lactancia, desarrollo cerebral del bebé y la necesidad de protección. El estudio subraya que el apego no es solo emocional, sino un mecanismo de supervivencia con circuitos neuronales específicos que sostienen la sensación de seguridad.
El valor del contacto y la presencia
No obstante, los estudios muestran que el instinto maternal no es completamente innato. En gran parte, se construye a través de la experiencia, de lo que vemos en otras mujeres, de la convivencia diaria con nuestros hijos y del aprendizaje continuo que supone la crianza.
Para favorecer el desarrollo del apego, los especialistas recomiendan fomentar el contacto desde los primeros momentos siempre que sea posible. Aun así, cuando existen complicaciones médicas y no puede darse ese contacto inicial, el vínculo no se pierde: se construye más adelante.
Algunas formas sencillas y cotidianas de reforzar ese lazo son:
- El contacto piel con piel, las caricias, los besos, los abrazos.
- La lactancia materna, que favorece la liberación de hormonas relacionadas con el apego.
- Si se opta por el biberón, el contacto, el calor y sostener al bebé en brazos también fortalecen el vínculo.
- Hablarle, mirarle a los ojos, sonreírle.
- Cogerlo en brazos, acunarlo, usar mochilas portabebés que favorezcan la cercanía.
Todo esto ayuda al bebé a sentirse amado, seguro y protegido. Y también refuerza la confianza de la madre en sí misma.
¿Cuándo es importante pedir ayuda?
La maternidad es una experiencia intensa, y no siempre es fácil. Si una madre se siente desbordada o insegura, pedir ayuda es fundamental. En algunos casos puede tratarse de una depresión posparto, de baby blues o de una falta de apoyo emocional y social.
Hablarlo y buscar apoyo profesional forma parte de cuidarse, y también de cuidar al bebé.
Celebrar la maternidad
En resumen: no hay una única manera de vivir el amor maternal. Puede ser un flechazo inmediato o un amor que se va tejiendo lentamente. A veces se basa en la emoción y otras en la confianza y el respeto. Ser madre es un aprendizaje continuo, una experiencia llena de matices y desafíos. No siempre es amor a primera vista. Pero cuando llega, sea como sea, lo cambia todo.


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