A partir de los 45, muchas mujeres se preguntan si ha llegado el momento en el que su vida sexual va empezar a ir cuesta abajo, cuando en realidad podría estar entrando en una de sus mejores etapas.
El cuerpo cambia, sí, pero también lo hace la forma de vivir el deseo, la intimidad y el placer. Y si se combina información útil sobre los cambios físicos y hormonales que pueden aparecer en esta fase con sentido del humor y ganas de no tirar la toalla, el resultado puede ser sorprendente y mucho mejor de lo que te imaginas. Pero para conseguirlo hay que ser realista y tomar las riendas desde el minuto cero: ¿cómo? consultando aspectos que te preocupen en vez de resignarte, como, por ejemplo, la disminución del deseo, la sensación de sequedad vaginal o de dolor durante las relaciones sexuales, que son frecuentes en estas etapa.
Estos problemas son consecuencia de la disminución de los estrógenos que conlleva la perimenopausia y la menopausia. Provocan mayor sequedad en la zona genital, más dificultades para lograr la excitación y falta de lubricación. Es lo que en términos médicos se conoce como atrofia vaginal o “síndrome genitourinario de la menopausia”. Se trata de un conjunto de síntomas que afectan tanto a la zona genital como al sistema urinario, y que provocan molestias, como picazón, falta de hidratación de las mucosas, cambios en el aspecto de la vulva y la vagina -los labios vaginales pueden volverse más delgados y pálidos, y la abertura vaginal puede estrecharse- y una mayor predisposición a sufrir infecciones vaginales o urinarias recurrentes.
Lo primero: hablar de ello
Son procesos naturales que no deben asustarnos. Al contrario, es fundamental informarse, ya que la mayoría de las mujeres ni siquiera saben exactamente en qué fase de la perimenopausia se encuentran. Pero saber qué “está pasando” es el primer paso para actuar y ponerle remedio, ya que la mayoría de esos síntomas o molestias que se experimentan en esta etapa se pueden tratar.
Hay cremas y aceites hidratantes naturales, productos lubricantes, tratamientos a base de estrógenos de acción local y diferentes tipos de terapias de regeneración funcional. También se puede aplicar fisioterapia.
Pero antes de comprar ningún producto, es fundamental pedir consejo a un experto para valorar cada caso de forma individualizada y también las circunstancias personales de cada mujer, ya que no afectan a todas las mujeres por igual, ni todas tienen las mismas necesidades o se encuentran en el mismo momento vital” explica la Dra. Desirée Trama, ginecóloga de Dexeus Mujer especializada en sexualidad, menopausia y ginecología regenerativa, y co-responsable del centro Dexeus Midlife. “Es importante pedir visita con un profesional especializado para poder evaluar no solo la sintomatología genital que puede presentarse en esta etapa, sino también recibir un adecuado asesoramiento y consejo sexual”.
Ni se acaba el sexo ni se apaga el deseo
También hay que desmontar muchos clichés. “Aunque cada vez están cayendo más barreras en el ámbito de la sexualidad femenina, socialmente aún existe la creencia de que la actividad sexual en algún momento debe finalizar”, añade la Dra. Trama. Hay mujeres que creen que ocurre en la menopausia y otras en la tercera edad. Pero es una idea errónea. El sexo no desaparece.
Otro error es pensar que la menopausia “apaga” el deseo. Es verdad que la disminución de estrógenos influye y que más de un 50% de las mujeres lo notan, pero el deseo sexual tiene un componente multifactorial, no depende solo de las hormonas. Lo que lo apaga es la rutina, el cansancio, la desmotivación, el no verse bien físicamente, la falta de espacios para que surja o de comunicación con la pareja, si se tiene. Este aspecto también se puede trabajar fomentando un cambio de hábitos, el autocuidado del cuerpo, leer novelas o ver películas eróticas, por ejemplo.
Además, en el periodo de la perimenopausia y especialmente la menopausia, las mujeres entran en una etapa de plena madurez personal: “tienen experiencia, autoconocimiento y confianza, y también mucho más claras sus preferencias sexuales”, explica la Dra. Trama. Eso hace que se sientan más empoderadas y puedan expresar con más libertad y naturalidad sus deseos. Puede que cueste más excitarse o llegar al orgasmo, pero la solución es dedicarle más tiempo y relativizar las cosas, se trata de relajarse y disfrutar del momento.
También hay ventajas, y muchas
Por otro lado, entramos en una etapa que, aunque no te lo creas, tiene ventajas, y muchas. Una de las más celebradas es la tranquilidad de no tener riesgo de embarazo una vez confirmada la menopausia.
También cambia el ritmo, y para bien. La sexualidad después de los 45 suele ser menos apresurada y más consciente. Se disfruta más del juego previo, de la conexión emocional, de la intimidad sin prisas. No se trata de perder intensidad, sino de ganarla de otra manera: más relajada, más profunda, más centrada en el bienestar mutuo. Muchas parejas descubren que esta etapa les permite reinventarse y explorar nuevas formas de intimidad que antes no habían considerado.
Otro punto importante es desmontar expectativas poco realistas. No existe una frecuencia “correcta” de relaciones sexuales, ni una forma universal de vivir la sexualidad. Compararse con etapas anteriores o con lo que hacen los demás solo genera presión. La sexualidad evoluciona igual que lo hace el cuerpo, y adaptarse a esos cambios forma parte del proceso natural de la vida.
Por supuesto, cuidar la salud sexual sigue siendo fundamental. Hay que hacer las revisiones de control sin falta y consultar cualquier irregularidad o molestias (dolor, cambios en el flujo, problemas de incontinencia urinaria, etc.).
En conclusión: el sexo a partir de los 45 no es el principio del declive, sino el comienzo de una nueva forma de vivir el placer: más libre, más consciente y, para muchas personas, más satisfactoria que nunca. Al fin y al cabo, en la vida hay momentos vitales mejores que otros, y este, si te lo propones, puede ser de los buenos. El único secreto es vivirlo con tranquilidad, aprovechar la experiencia y tener claro que no estás dispuesta a “retirarte del juego”.
Ginecología regenerativa: hay muchos tratamientos que pueden ayudar
Si nunca has oído hablar de la ginecología regenerativa o te suena el nombre, pero no sabes muy bien en qué consiste, es el momento de ponerte al día.
Se trata una nueva subespecialidad de la ginecología que consiste en aplicar diversos tratamientos médicos y quirúrgicos para restablecer el aspecto físico, la elasticidad y la funcionalidad de la vagina, la zona vulvar y el suelo pélvico.
Estos problemas, que pueden presentarse en la menopausia, también pueden ser consecuencia del paso de los años, ya que el embarazo y el parto pueden provocar alteraciones físicas y funcionales en esas áreas. No obstante, su aplicación debe hacerse siempre bajo prescripción y control médico.
Actualmente los más solicitados son: el láser vaginal, las infiltraciones de ácido hialurónico y la silla de estimulación magnético funcional. Otros tratamientos menos conocidos, pero que también ofrecen buenos resultados son la Bio-regeneración con Plasma Rico en Plaquetas (PRP) y la radiofrecuencia.
Si quieres saber cómo actúan o en qué casos están indicados, puedes ampliar la información en el web de Dexeus Midlife.

