Muchas revistas femeninas incluyen artículos que arrancan con preguntas de este tipo o parecidas como: ¿te sientes satisfecha sexualmente? o ¿sabes qué es lo que más les excita a ellos?  Puede que parezca algo banal, pero suelen tener éxito, porque leerlos resulta divertido y nada comprometedor. Además, son cosas que no se comentan, pero que interesan, y en la relación de pareja el sexo es importante, por lo que es un terreno en el que debe haber una buena comunicación.

Puede que en ese aspecto tu relación funcione sobre ruedas y te preguntes ¿por qué? ¡si no hace falta! Pero para hablar de sexo no es necesario que exista un problema. Se trata de expresar abiertamente nuestros deseos y conocer mejor cuáles son los de nuestra pareja, para aumentar la complicidad y disfrutar más de la relación. Aunque hay que saber elegir el momento y la forma de hacerlo, así como qué temas se pueden tratar en pareja y cuáles necesitan apoyo profesional. En este post, la ginecóloga Dra. Stefanie Redón, responsable de la Unidad de Sexualidad de Dexeus Mujer, nos ofrece algunas pistas:

¿Cuándo hacerlo? Debe ser un momento de máxima intimidad y complicidad, y en que estéis lo/as dos solo/as y de buen humor. Puedes probar una tarde-noche en el que el plan sea: sofá + cine en casa + mantita, o una mañana antes de desayunar, durante el fin de semana, o en vacaciones, si estáis relajado/as… También es importante hablarlo en un punto en el que la relación ya esté más o menos asentada y en el que exista la confianza suficiente entre ambos/as y no suene “raro”.

¿Cómo hacerlo? Con naturalidad y como quien no quiere la cosa. Nada que suene a conversación seria o problemática. Así que ni se te ocurra arrancar con un “tenemos que hablar” o “hay algo de lo que quiero hablar”. Es mejor hacerlo de forma un poco improvisada, diciendo: ¿sabes qué me gustaría hacer y nunca he probado? o también: “el otro día tuve un sueño erótico en el que tú y yo…”  y ver cómo reacciona. O: “hoy me he despertado con ganas y estaba pensando en…”, “¿hay algo que a ti te guste o te excite especialmente…?”

De qué hablar:  hay que dejar que la conversación fluya, de manera que cada uno sienta que puede hablar y escuchar. Si te preocupa algún tema, no lo plantees abiertamente o de forma negativa. Puedes dejarlo caer, pero sin crear una situación incómoda. Por ejemplo, si te gustaría tener sexo más a menudo, dile que últimamente piensas más en sexo y que te apetece hacer algo especial o probar cosas nuevas, como hacerlo en la ducha, por ejemplo, o en algún otro lugar que a él/ella también le apetezca. El secreto está en proponer en positivo y en despertar su curiosidad y hacer que se sienta especialmente atractivo/a.

De qué no hablar: hay una serie de “líneas rojas” que no se pueden traspasar, como cuestiones muy íntimas. Así que nunca hay que forzar la situación. Todo el mundo tiene derecho a tener secretos, siempre y cuando, eso sí, ese hecho no sea un problema o pueda afectar negativamente a la relación. Si sospechas que tu pareja ha pasado por alguna experiencia negativa es importante que sepa que cuenta contigo y que vas a respetar sus necesidades y/o ayudarla. Y si necesita apoyo de algún especialista también. Asimismo, hay que evitar las comparaciones y hablar de las relaciones sexuales con nuestros ex, ni para mejor ni para peor. Cada relación es diferente y nosotros también actuamos de forma distinta con unas personas u otras.

Fantasías sexuales ¿hay que contarlo todo, todo…? Aquí la cosa se complica. Porque si su mayor fantasía (o la tuya) es un trío con tu mejor amiga (o su mejor amigo, en tu caso), pues mejor que no lo cuente/s, porque no os va a ayudar.  Y si lo que más le excita es una práctica que a ti te echa para atrás, pues puede crearse un problema en el que ya no hay marcha atrás… Ese es uno de los principales motivos por los que que no se suele hablar abiertamente de sexo en la pareja, y también por no herir los sentimientos de la otra persona. Pero si quieres mejorar las cosas, es bueno hablarlas. Por ello, si hay algún problema, es necesario consultarlo a alguna sexóloga o especialista en salud sexual.

Si hay problemas, hay que afrontarlos. Muchos problemas no se consultan y eso acaba creando un cierto malestar y repercutiendo de forma negativa en la sexualidad y la relación. Quizás te gustaría que tu pareja fuera menos proactiva o, lo contrario, que tomara más la iniciativa. O te plantea cosas que a ti no te gustan, o bien te aburre que el sexo siempre sea igual. En esos casos, lo mejor es que consultes a una experta, para que te explique cómo debes actuar y te ayude a cambiar las cosas. El apoyo profesional es imprescindible para poder reconducir la situación y verla desde fuera.

Cambios vitales: todas las parejas tienen etapas de mayor y menor actividad o satisfacción sexual. Si estás atravesando un momento de bajón por lo que sea: parto reciente, hijos de corta edad, menopausia, estrés, etc. no pienses que “se ha acabado lo que fue” o que las cosas van mal. Los cambios forman parte de la vida y hay que adaptarse a las nuevas situaciones.  Lo que importa es que la relación funcione y que lo/as dos estéis dispuestos/as a mejorar las cosas. La comunicación en positivo en estos casos es muy útil. Explicar a tu pareja lo que sientes o lo que te preocupa ya es un paso, y si es necesario, os podéis dar un margen. La ayuda profesional también se puede valorar.

Olvídate de los clichés: muchos problemas sexuales se deben a ideas preconcebidas y mitos que son completamente falsos. Las películas eróticas nos hacen creer que el placer sexual es inmediato y el deseo irrefrenable, que el orgasmo se alcanza rápidamente y que si no se logra al unísono es menos satisfactorio. También que a ellos les gusta llevar la iniciativa y que las mujeres prefieren dejarse seducir a actuar. Pero cada persona y relación es diferente. Lo importante es que la relación te importe más que las expectativas que nos creamos, que muchas veces, no son realistas, como hemos comentado. A partir de ahí lo que hay que hacer es potenciar la sensualidad y el deseo y tratar de poner el máximo de nuestra parte para disfrutar de forma conjunta. La complicidad es esencial.